La solución en sus pies.®  

Posted by Adrian Fonseca in

Estaba desesperado. Todo le salía mal, y sentía como perdía lo que más quería. -¡No vuelvas hasta que cambies! - le había escupido a la cara.
No siempre fue así. Por unos momentos recordó con dolor otros tiempos más felices, y sufrió aun más. No encontraba mejor solución que acabar con todo de una vez. Estaba decidido, esa misma noche Dave pasaría a la historia. Se inyectó una pequeña dosis de valor disfrazado de autoconvencimiento, y sin querer pensar demasiado en lo que dejaba atrás, salió del sucio cuartucho que tenía alquilado desde que Sarah lo había echado de su propia casa.
De camino al puente, última parada de su miserable existencia, pensaba en su vida antes de enfrascarse en aquel estúpido vicio, y sintió que algo en su interior le animaba a recapacitar. - No seas necio Dave, ¿no sabes que todo tiene solución? -. Oía una y otra vez en su cabeza.
-¡No!.- Estaba totalmente decidido, había llegado su hora.
Se palpó en el bolsillo del abrigo, y sonrió tristemente.
- Aquí estás viejo amigo, tu la harás callar.
Con dificultad, sacó la vieja petaca y le dió un largo buche del whisky más barato que había podido encontrar. Sin embargo funcionaba, le hacía olvidar y además mitigaba aquel frio que le había llegado hasta los huesos.
No tardó mucho en divisar el puente Richmountain, una de las maravillas del estado, y un lugar ideal para hacer un punto y final. Y es que, no solo era famoso por su impresionante altura, si no por que se hallaba sobre uno de los ríos con más fuerza que él había visto nunca. Si no se mataba con el golpe, seguro que acabaría ahogado.
Se detuvo a escasos metros de la majestuosa infraestructura pensando en como debía proceder, tan ensimismado, que no se había percatado que se encotraba parado en medio de la carretera, cuando un estruendoso claxon lo devolvió a la realidad. ¡Había estado cerca!. Dolorido intentó reincorporarse, y lentamente se apartó de la carretera hasta llegar a una pequeña acera, donde se sentó para descansar un poco. De todas formas, el puento no se movería de allí, al menos durante aquel rato. Sonrió.
Tenía ganas de fumarse un pitillo, y se lamentó al recordar que no tenía papel para fumar. Sacó de su bolsillo la bolsa que contenía el tabaco, y suspiró anhelando más que nunca poder fumar una última vez.
Entonces algo sucedió en su mente. Con una mueca divertida, sacó un pequeño librito que había encontrado en la mesita de noche de la habitación en la que residía y lo abrió. Era un nuevo testamente de esos que Los Gedeones van dejando por los hoteles, hospitales, cuarteles, etc....
- ¡Que oportuno! - pensó.
Con suavidad, tocó cada una de las hojas, preguntándose si a alguien le importaría aquello... pero... que más daba, pronto terminaría todo. Con desición, arrancó una hoja, y con la maestría de aquel que ha hecho aquello muchás veces antes, se preparó un cigarro... un grandioso y enorme cigarrillo. Ya tenía la llama del mechero encendida, cuando una delicada voz lo distrajo de lo que se proponía hacer.
- ¿Se encuentra usted bien?... ¿Le ha hecho daño aquel coche?.
Dave se giro sin levantarse, y no pudo distinguir quién le hablaba. La luz de la farola lo tenía deslumbrado.
- Esto... - balbuceó - no... no... digo, si estoy bien, gracias -
Dave sonrió lastimosamente. Lo cierto es que no estaba bien, pero ¿a quién se lo iba a decir?.
La anciana avanzó un poco, y Dave agradeció que ya pudiera distinguir a quién le hablaba.
- Lo he visto todo desde mi ventana, ahí arriba - dijo señalando el piso superior del pequeño edificio que tenían a su espalda - pero estoy mayor y he tardado un poco en bajar. ¿Seguro que se encuentra bien?.
Dave tardó unos segundos en asentir. Realmente aquella mujer le parecía sincera, y eso era una sorpresa para los tiempos que vivían.
- No, no me encuentro bien.
¿Por que había dicho aquello?. Parecía que su boca había tomado la determinación de ir por libre, y no le gustaba. ¿A quién le importaba como se encontraba?. Debía rectificar... insofacto. Abrió la boca para retractarse de lo dicho.
- Mi vida es un caos .
¿Quién había dicho eso?. Dave lo había oido de su propia boca, sonaba como su voz, pero él no había hablado, ¿por que narices su boca no le obedecía?. Pensó que era mejor callar.
La abuelita lo miro con compasión, y Dave lo percibió. Se sentía desprotegido, indefenso, intimidado... pero ¿por que?, ¿acaso aquella escualida anciana le daba miedo?. Dave comenzó a temblar. La anciana sonrió aun más, y con una voz dulce pero firme, habló.
- Venga conmigo. Le serviré una taza de té bien caliente. Eso lo reanimará.
Dave estaba aturdido. Lentamente, comenzó a levantarse, y como un niño que es recriminado por un mayor, la siguió obediente hacia el interior del edificio.
El apartamento, no era muy grande, pero tampoco pequeño. Dave se recreaba con interés en un impresionante cuadro que la anciana tenía en la pared del salón, donde la cabeza de un leon se alzaba triunfante sobre una cosecha preparada para la siega.
- ¿Le gusta?.
Dave se giró rapidamente. Se sentía pillado.
- Si.
- Es un cuadro que me regaló un importante pintor. El león representa a nuestro Señor Jesucristo, y la cosecha, un mundo preparado para conocerle.
- Dave, mostró una sonrisa forzada. Nunca le interesó demasiado la religión, pero no quiso ofenderla.
Mientras la anciana servía el te, Dave se fijó detenidamente en la cantidad de libros que tenía la mujer en toda la sala, y en el impresionante orden que se manifestaba en todos ellos. Estaban catalogados en cada estante por categorías, luego por tamaños, de mayor a menor.
- ¿Los ha leido todos?.
La anciana miró hacía sus preciados tesoros.
- Si. Es una de las pocas cosas que se puede hacer a mi edad, cuando el tiempo no acompaña ¿no cree?.
Dave no contestó. Un gran Biblia se apostaba en una de las estanterías de forma llamativa, y recordó lo que estuvo a punto de hacer antes de que la anciana lo interrumpiera, y se avergonzó.
- ¿Azucar?.
Dave volvió a la realidad, y acercó la taza a la anciana que le echó un terrón. Esperó a que la mujer tomara su lugar antes de dar un primer sorbo.
- No ha sido facil su vida. ¿No es cierto?.
Dave se sorprendió de la franqueza de la dulce mujer, y pensó en ofenderse por su intromisión, pero estaba demasiado cansado de pelear con todo y con todos. Además, la anciana exhumía tanta caridad. Agachó la cabeza, y suspiró profundamente.
- Lo cierto... - Dave luchaba por hablar. Con la facilidad que había hablado hacía solo un rato, y ahora las palabras se le agarraban en la garganta. - lo cierto es que no.

....

Continuará.